Leía a Bukowski mientras esperaba, siempre estaba esperando, pero esta era una de esas veces en las que la espera era real.
Tenía el flequillo recto, perfecto y una larga melena oscura, la lluvia había delatado sus rizos pero su belleza era indiscutible. Tomaba café en la cafetería de la univesidad, esta vez en una que no era la suya, no conocía a la gente de su alrededor, estaba sola en una inmesa mesa y nadie se resisitía a contemplarla.
Aquello no era ocasional o anecdótico, daba igual el lugar, estuviera sola o acompañada; la miraban a ella y ella, ella lo sabía.
Había intentado mantener la lectura pero aquel, muy a su pesar, no era uno de esos libros que la trasladaban a calquier lugar y a cualquier tiempo, era burdo y angustioso, y sí , hablaba de sexo, pero aquello era sexo monótono y aburrido, escondiese o no una gran historia de amor.
Dudó durante unas páginas más pero pronto sacó el cuaderno que siempre la acompañaba , su elegante lápiz y comenzó a escribir